A.J.A.C.D.
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- Los vecinos están hartos de esperar una hora para poder coger el autobús público y reclaman que llegue una línea EMT.
- El guardabarrios. La pedanía no quiere identificarse con un centro comercial y prepara una exposición.

«Nos han robado la idiosincrasia de nuestro pueblo», nada mejor que esta rotunda frase de Joan Navarro, vecino del Saler, para reflejar el gran problema de la pedanía valenciana. Las causas de esta problemática son tan complejas como fáciles de definir para Joan que asegura que todo es fruto de la globalización y del desarraigo. Se quejan del desconocimiento histórico porque «para mucha gente el Saler no es más que un centro comercial. También hay personas que piensan que el Saler está al lado del centro de ocio. Para intentar solucionarlo nos pusimos en contacto con los responsables del centro y se estudió la posibilidad de que hubiera una exposición sobre el pueblo y su historia para que la gente lo conozca verdaderamente».
Los vecinos tampoco se explican cómo la zona, incluida la de la Albufera y Devesa, no tiene todavía un museo tal y como se prometió en el programa electoral de 2007. «Somos Albufera y reivindicamos nuestra personalidad», afirma Joan.
Quique Dasí, presidente de la Asociación Amics de la Casa de la Demana, aseguró que si las generaciones más jóvenes sintieran las raíces del pueblo o, al menos, conocieran su historia lo tratarían con más respeto. Por eso, ve fundamental que se conozca el pasado de la pedanía.
La pérdida de identidad del Saler ha sido paulatina. Sus principios se remontan a los años 70 cuando se construyó la CV-500 dejando con ella una bañera de hormigón por lo que hoy se considera su puerto. Se comenzaba a edificar y a modificar el paisaje natural. Todo ello no sólo provocó la desnaturalización de su paisaje natural sino que llenó de ruido a la tranquila zona. Los decibelios que se alcanzan a causa de los coches que por allí circulan superan con creces los índices permitidos. Para muchos de los vecinos dormir o mantener una conversación sin elevar el tono de voz se convierte en todo un reto. Los habitantes de la población piden la construcción de un túnel. Creen que con esta medida además de acabar con el ruido se disminuirían, considerablemente, las emisiones de dióxido de carbono.
Para conseguir esa 'identidad pérdida', desde el 2005 los vecinos intentan que se lleve a cabo un proyecto de renaturalización del puerto, creando playas y volver a los paisajes naturales de los que antes podían disfrutar.
Otro de los grandes problemas es el aparcamiento insuficiente, que hace que los vecinos se lleguen a desesperar buscando un sitio en el que estacionar su vehículo. Pero la situación geográfica en la que se encuentra no se pueden modificar ciertas zonas y la aprobación de proyectos se mira con lupa.
Lo mismo ocurre con las instalaciones deportivas de la pedanía. Todo el que quiera hacer un poco de ejercicio debe desplazarse porque debido a la Ley de Costas la posibilidad de edificar en la zona es reducida.
El tema del transporte público es otra de las cuestiones más problemáticas, esperas de hasta una hora en invierno y de media en verano son el pan de cada día. Además, al no llegar la EMT el transporte es mucho más caro ya que los vecinos no tienen la posibilidad de comprarse sus bonos porque no existen. «Sólo hay promociones para jubilados, así que el vecino quiere que llegue la EMT porque habrá más servicio y resultará más barato», aseguró Joan. Infraestructuras, de momento, se está planteando la posibilidad de que llegue un tranvía que enlace Valencia con la costa, pero construir es una opción que divide a los vecinos. Algunos son partidarios de la creación de las vías y la implantación del tranvía. Esto supondría una nueva obra pero la disminución del ruido y las emisiones de gases. Otros dicen que no hay que construir ni un sólo centímetro más sobre el suelo del Saler. Además, el peligro de ciertos tramos hacen que los habitantes del barrio no puedan coger su bicicleta para ir a la ciudad. Reclaman, en definitiva, que se les tenga en cuenta.